El 60 por ciento de la población de América Latina, afectada por el alto grado de informalidad como sucede en Colombia, corre el riesgo de quedarse sin una pensión mínima durante su vida laboral.
Esta advertencia es una de las conclusiones de un estudio que presentó en la XV Reunión de Economistas de América Latina y el Caribe (Lacea) el banco BBVA titulado La reforma de los sistemas de pensiones en Latinoamérica: avances y retos pendientes.
“Es muy claro que los países deben comenzar a estudiar una reforma pensional”, dijo la española Carmen Pagés-Serra, jefa de la Unidad de Mercados Laborales del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
La proyección, según la funcionaria, se basa en las contribuciones que realizan los usuarios para la pensión en sus cuentas personales o al sistema público como es el caso de Colombia, en la alta rotación laboral que lleva a que estén un día en el empleo formal y mañana en el informal, lo que implica una oscilación en sus aportes.
“Uno mira que es muy baja la densidad de las contribuciones a lo largo de la vida laboral. El sistema no puede hacer milagros. Cuando se contribuye tan poco, la pensión es muy baja. El problema que hay es que las pensiones mínimas como están hechas en Colombia y en otros países de la región, el sistema dice que si se aportó lo suficiente, se dará la pensión. Como están ahora las cosas, si alguien contribuye no necesita la pensión mínima, porque su aporte será mayor. Los retornos han sido altos…”, advirtió la funcionaria del BID.
Y agregó: “Resulta que la mayoría de la gente necesita la pensión mínima porque no contribuye con el número de años. No califica y luego se jubila sin pensión o con una bajísima que no le alcanzará para nada”.
A juicio de Carmen Pagés-Serra, esta situación constituye una bomba de tiempo, porque en la medida en que el trabajador se jubile sin las semanas suficientes de cotización, tendrán que tocar las puertas del gobierno.
Ahora, si éste no se prepara con tiempo para enfrentar esa crisis, será como tener un pozo sin fondo, sin saber cuánto le costará eso. “Seguro que la gente llamará”, indicó.
Nos sentimos inmortales
La funcionaria planteó la necesidad de educar a los trabajadores, sobre todo a los jóvenes que apenas ingresan al mercado laboral, para que no tomen sus contribuciones como un gravamen más.
“La gente es naturalmente miope. Cuando somos jóvenes, lo que menos queremos es pensar en la vejez. No nos interesa nada ese tema. Nos sentimos inmortales. La contribución o aporte que uno le quiera sacar a un trabajador para la vejez, generalmente lo considera como un impuesto. La gente aporta cuando empieza a pensar en su vejez. Lo que podamos hacer es educar a la juventud sobre la importancia de tener esos aportes”, insistió.
La directora también catalogó como enorme el efecto que tiene la informalidad sobre el desarrollo del sistema pensional en la región.
Argumentó que la informalidad es la razón para que la gente no contribuya. “La mitad del tiempo, los empleos son informales. Se cambia mucho de trabajo. Lo que vemos en América Latina es que la gente oscila, lo que hace que la protección sea errática”.
Al respecto, comentó que el Estado debe proveer de una pensión mínima preservando los incentivos a la contribución a las personas que, motivos ajenos a su voluntad, no han podido aportar por condiciones del mercado.
Efectos de la informalidad
Por su parte, el economista Joaquín Vial Ruiz-Tagle, jefe para Suramérica del BBVA, manifestó que la cobertura del sistema es baja en América Latina debido a la informalidad de los mercados, pues los formales no funcionan bien. También consideró que hay que tener un pilar solidario para la vejez que tenga validez fiscal.
“No hay que ser tan generosos ni tan fuertes para no terminar en la informalidad”, sostuvo el investigador al revelar la existencia de contribuciones bajas en países como Argentina y México.
Para Vial, en la región se tienen sistemas de reemplazo muy altos. Citó el caso de Chile donde los sistemas pensionales son viables, lo que ha permitido que en los últimos 30 años nadie se quede sin pensión, al tiempo que el gobierno ha fondeado recursos para el fondo de longevidad.
“Lo que ha hecho el sistema pensional es desarmar una bomba de tiempo en América Latina que probablemente estaría explotando en esos momentos. Ha sido una solución, más que un problema”, advirtió y agregó que eso no significa que haya un sistema perfecto. “Todavía hay unos desafíos pendientes a medida que va madurando”.
Durante la presentación de la investigación del BBVA se anunció, igualmente, la necesidad de aumentar la contribución, elevar la edad de retiro y enfocar mejor sus riesgos, permitir más la competencia sin ventajas entre los sectores privados y el gobierno, lo mismo que la diversificación del portafolio y la inversión extranjera.
“Debemos ser optimista. Hay una consolidación fiscal hacia adelante. El reto gira en torno a los trabajadores de bajos ingresos. Si lo ricos contribuyen más, vamos a tener una bomba de tiempo”, señaló Ángel Melguizo, del Centro de Desarrollo de la OECD, al aceptar como sus colegas expositores que se deben extender las pensiones mínimas en la región.