Hacerle frente a los factores estructurales, en este caso la desigualdad, la pobreza y el bajo nivel de ingreso, haría que los índices de violencia se redujeran en América Latina, la región del mundo que sufre más este flagelo, según explicó Mauricio Cárdenas Santamaría, de la Institución Brookings, en la presentación del libro La economía del crimen: lecciones para y desde América Latina, que se cumplió en la mañana de este sábado 13 de noviembre en desarrollo de Lacea 2010.
El texto es una completa colección de ensayos, escritos principalmente por autores latinoamericanos, en el que se analizan tanto causas como consecuencias del crimen.
“Al ser la región más violenta del mundo es natural que muchos economistas estén tratando de entender los orígenes para mirar cómo afecta nuestra sociedad”, analizó Cárdenas Santamaría.
Para el ex director de Fedesarrollo de Colombia, si bien el crimen en América Latina es alto, esto se debe, principalmente, entre otros puntos, a los ya mencionados factores estructurales y a que la población de la región es joven. “El grupo poblacional donde se concentra más la criminalidad es entre los 18 y los 25 años de edad, una masa más propensa al crimen”.
El académico insistió en que la insatisfacción se agudiza en los sectores donde hay más desempleo y desigualdad. “La delincuencia en América Latina tiene también un elemento muy demográfico, otro de los factores estructurales”. Así mismo, se refirió a que el libro no entra en un ítem como es el narcotráfico, un asunto adicional que surge por la tremenda demanda que se tiene por drogas ilícitas.
Lo que hay y lo que se debe hacer
En cuanto a los efectos que tiene el problema, Cárdenas Santamaría habló de baja inversión de las empresas y de efectos regresivos sobre la población. “La criminalidad, aparte de todos los problemas que trae, es injusta, inequitativa, afecta a los sectores vulnerables y acentúa la desigualdad”.
Precisamente, anotó que las personas con ingresos más altos pagan por seguridad, donde ahondó en el tema de la propiedad raíz y en que, sencillamente, éstos (los que tienen más dinero) se camuflan. “Medellín es una ciudad donde hay riqueza, pero no se ven carros de alta gama”.
Y frente a las posibles soluciones que pueden tomarse para frenar las altas tasas de crimen, el experto internacional aseguró que deben asumirse unas buenas políticas públicas.
“Hay que tener en cuenta otra serie de intervenciones que han dado resultado en ciudades como Bogotá, Medellín y Sao Paulo, como son el aumento de pie de fuerza policivo, más capacidad del sistema penitenciario, más controles suaves como la ley seca, cierre de establecimientos de esparcimiento a horas tempranas, cultura ciudadana y acercarles los centros de reporte a las personas”, especificó.
Cárdenas Santamaría manifestó que el ejemplo de estas ciudades deben tenerlo en cuenta poblaciones como Ciudad Juárez, Tijuana, y el mismo DF (para el caso de México), pues considera que lo anterior ha frenado la delincuencia.
Durante la presentación del libro intervinieron, además, autores de algunos de los capítulos, entre estos Rodrigo Soares, de la Universidad Pontificia Católica de Río de Janeiro; Gustavo Suárez, de la junta de Gobernadores del Sistema de Reserva Federal; Carlos Medina, del Banco de la República de Colombia; y María Laura Alzúa, de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina).
En general, los académicos ahondaron en el tema de las políticas represivas, en aquello que se conoce como tradición cultural relacionado con la violencia, en cómo han hecho algunos gobiernos para asumir el problema, en cifras de secuestros, en las tasas de homicidios y en la manera cómo se puede mejorar la calidad de vida en las cárceles, tema este último que tuvo como ejemplo lo que se hace en Argentina.
Entre las conclusiones también quedó lo dicho por Mauricio Cárdenas: el crimen es un asunto que afecta el trabajo de los gobiernos y tiene un impacto en el desarrollo económico.