Los científicos y los economistas han venido observando que, para que un sistema político funcione bien, tiene que tener un sistema de pesos y contrapesos.
Así lo aseguró James Robinson, profesor de la Universidad de Harvard, al intervenir en la XV Reunión de la Asociación de Economía de América Latina y el Caribe (Lacea, por sus siglas en inglés), que hoy concluyó sus deliberaciones en la Universidad EAFIT.
El economista es un estudioso que tiene en Colombia su segunda casa intelectual y es profundo conocedor de la situación política tanto del país como de la ciudad de Medellín, según lo destacó, al hacer su presentación, Alejandro Gaviria, decano de Economía de la Universidad de los Andes y copresidente de Lacea 2010.
Robinson explicó que como las naciones no son gobernadas por ángeles sino por hombres llenos de defectos y propensos al egoísmo, hay que preocuparse porque exista un sistema de pesos y contrapesos que controle al gobierno y a los legisladores, y para que los políticos también puedan controlar a los ciudadanos.
Los presidentes -dijo- concentran demasiado poder a través de cambios en las constituciones políticas, lo que es fuente de graves desequilibrios.
Recordó un famoso discurso pronunciado por el presidente estadounidense George Washington, en el que advertía sobre los peligros de que los gobernantes se hicieran reelegir y se perpetuaran en el poder.
Hizo un repaso de los ánimos reeleccionistas que hoy sacuden a América Latina, donde gobernantes como Evo Morales, en Perú; Hugo Chávez, en Venezuela; Rafael Correa, en Ecuador; Fernando Cardoso, en Brasil; y Álvaro Uribe Vélez, en Colombia, han modificado la Constitución de sus países para hacerse reelegir.
Rememoró también la decisión del Libertador Simón Bolívar de no dejarse convertir en emperador, porque consideraba que la acumulación de poder es un mecanismo muy odioso, fuente de usurpación, dictadura y tiranía, por lo que hay que ponerles límites a los términos y a los periodos de gobierno.
Los grupos de interés
A juicio de James Robinson, el sistema de pesos y contrapesos hace que los políticos no puedan extraer todas las ganancias para ellos, por lo que la ciudadanía se beneficia.
“Los políticos son representantes imperfectos de los diferentes grupos, pueden provenir de sectores pobres o ricos, les importan las rentas y transferencias, pero también les interesa el bienestar del sector de donde provienen. En general, los pobres votan por los candidatos pobres y los ricos por los candidatos ricos”, afirmó.
Al referirse al lobby o cabildeo, explicó que los agentes ricos forman un grupo especial de interés y le dan dinero al gobernante y al legislador a cambio de determinadas políticas que los favorezcan. “El grupo de interés tiene así una especie de poder de negociación y va a escoger una política que maximice sus propios ingresos, propiciando el florecimiento de los sobornos”.
Explicó que en un modelo sin pesos ni contrapesos, el gobernante decide todo para maximizar la tajada de sus ingresos.
“Al presidente le importan las rentas y le preocupa la gente pobre, por lo que va a hacer distribución de algunas rentas; va a aumentar los impuestos y a maximizar los ingresos y transferencias”, observó.
El economista precisó que a los ricos no les gustan los impuestos y están a favor de cero redistribución de los ingresos, mientras los pobres quieren tanta redistribución como sea posible.
Agregó que, así, los ricos ofrecen un poco de dinero a cambio de que el gobernante recorte los impuestos, en desarrollo de un lobby o cabildeo que a hacer una oferta lo suficientemente atractiva para que el presidente la acepte.
Como conclusión, James Robinson hizo énfasis en que los pesos y contrapesos hacen que los políticos dejen de extraer rentas y constituyen un mecanismo de control a los sobornos que se le hacen a la legislatura y al presidente.